Desde que se celebró por primera vez en 1983 el Día del Desaparecido, la práctica gubernamental del secuestro, rapto o detención de personas y de recluirlas en secreto ha persistido y se ha propagado a medida que un número creciente de países acepta y justifica este crimen.
Amnistía Internacional ha recibido preocupantes informes de primera mano de monjes que fueron testigos del brutal ataque contra una escuela de formación monástica en la ciudad de Myitkyina, al norte del país, el 25 de septiembre.
El centro de detención estadounidense ubicado en la bahía de Guantánamo está condenando a miles de personas a una vida de tormento, sufrimiento y estigmatización en todo el mundo.