Pon fin a la persecución de seguidor de Falun Gong
10 diciembre 2007
"Debemos esforzarnos por crear una sociedad armoniosa y un buen entorno social para celebrar con éxito el XVII Congreso del Partido Comunista y los Juegos Olímpicos de Pekín […] Debemos tener mano dura con las fuerzas hostiles de dentro y fuera del país, tales como los separatistas étnicos, los extremistas religiosos, los terroristas violentos y las "organizaciones heréticas" como el Falun Gong, que llevan a cabo actividades desestabilizadoras." - Zhou Yongkang, ministro de Seguridad Pública
Dongwei, seguidor del movimiento Falun Gong que trabajaba para la Fundación Asia, ONG estadounidense, está cumpliendo una pena de dos años y medio de “reeducación por el trabajo” en el centro de Tuanhe, en Pekín. ¿Qué hizo? Ejercer su derecho a la libertad de credo religioso. Sin mediar juicio lo condenaron a “reeducación por el trabajo” por “oponerse a la aplicación de leyes nacionales” y “perturbar el orden social”. Las pruebas se reducían a una confesión verbal y a 80 ejemplares de publicaciones del Falun Gong que la policía dijo haber encontrado en su casa. Siete agentes de policía detuvieron a Bu Dongwei en mayo de 2006. Sus familiares, que no supieron dónde lo tenían recluido hasta tres meses después, han cuestionado las pruebas presentadas contra él y la afirmación de las autoridades de que decidió no apelar contra su pena. Unos funcionarios del centro donde Bu Dongwei está recluido les han pedido que contribuyan con unos 400 yuanes (52 dólares estadounidenses) al mes a sufragar sus gastos de manutención.
Esta no es la primera vez que Bu Dongwei es encarcelado a causa de sus convicciones. Tras pedir a las autoridades que revisaran la prohibición del Falun Gong en 2000, fue condenado a 10 meses de “reeducación por el trabajo” por “utilizar una organización herética para entorpecer la aplicación de la ley”. Amnistía Internacional ha sabido que durante la “reeducación por el trabajo” lo privaron del sueño, lo golpearon y lo obligaron a permanecer sentado todo el día en una silla pequeña con el fin de hacerlo renunciar a sus convicciones.
La decisión de someter a una persona a “reeducación por el trabajo” la toma la policía, sin cargos ni juicio. Se puede mantener a una persona recluida hasta tres años, prorrogables uno más si es necesario.
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